MEDICALIZAR LAS INFANCIAS Y ADOLESCENCIAS* (Parte 2)

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Un biberon lleno de pastillas de colores rosa y rojo

Fernando Ferreira Pinto de FREITAS

Luciana Jaramillo Caruso de AZEVEDO

Publicado originalmente en: Estudos de Sociologia, Araraquara, v. 27, n. esp. 2, e022022, 2022. e-ISSN: 1982-4718. DOI: https://doi.org/10.52780/res.v27iesp.2.16590 en idioma portugués e inglés.

Control social y pérdida de autonomía del sujeto

Otro componente importante de la medicalización es el control social. Históricamente, la medicalización ha sustituido las formas tradicionales de control social y la normalización del espacio social, reemplazando o relativizando el poder de la religión y la ley (ZOLA, 1972). Los límites entre lo normal y lo patológico se rompen sistemáticamente (CONRAD; SCHNEIDER, 1992). Cuando una infancia remitida al médico (o al especialista) vuelve a la escuela con un diagnóstico, se produce un cambio en la forma de tratarle. Parece que el propio diagnóstico confiere un tipo de comprensión que estaba ausente, desconocida. Rápidamente se estructura una red de profesionistas y servicios capaces de tratar ese diagnóstico. Sin embargo, el diagnóstico aprisiona, doma e inmoviliza la realidad en movimiento, incurriendo a menudo en violencia clasificatoria. Pensando en la infancia diagnosticada con TDAH, la sociedad tolera cada vez menos los castigos o, por ejemplo, enviarles a un internado para educar infancias muy “traviesas”. Con el TDAH, los problemas no se abordan en términos educativos per se, sino como una patología. El control social de las infancias se ha convertido en algo mucho más importante para nuestra cultura que educarles y cuidarles (TIMIMI, 2009; UNTOIGLICH, 2019). Existe la pérdida de autonomía de los sujetos, otro aspecto muy relevante para el estudio de la medicalización. La medicalización quita a los sujetos su capacidad de saber lidiar con las vicisitudes de la vida, con los problemas cotidianos (ILLICH, 1976). Esta racionalidad biológica encaja  como respuesta a los imperativos de reproducción del neoliberalismo, para la creación ilimitada de nuevos bienes para circular en el mercado de bienes de consumo (TIMIMI, 2008). Por lo tanto, la geografía psíquica del sujeto neoliberal lleva las marcas de la medicalización de la vida. Según McKinnon (2021), en el libro Genética neoliberal, el auge del discurso biológico y genético es congruente con el auge del neoliberalismo, ya que éste ha desarrollado una especie de política global para gestionar el sufrimiento humano.

Entonces, ¿por qué enferma la gente?

¿Cuál es la respuesta? Por lo que sabemos, tomando como referencia la literatura científica, no existe una respuesta simple y única, ni una causalidad lineal. Inmediatamente, el mercado generado por los trastornos psiquiátricos en la infancia y adolescencia crece rápidamente, incentivado sistemáticamente por la alianza entre las corporaciones médicas y la industria farmacéutica (WHITAKER; COSGROVE, 2015). Las recomendaciones que llegan son: buscar rastrear los trastornos psiquiátricos en infancias cada vez más jóvenes (CLÍNICA MAYO, 2022; ABENEPI, 2018). La idea que se vende es que esto se debe a los espectaculares avances científicos que han hecho posible el descubrimiento de enfermedades y diagnósticos psiquiátricos. El eufemismo se refiere a los descubrimientos de científicos y médicos que iluminan algunos de los misterios más oscuros sobre la mente humana y aportar la esperanza de tratamientos que alivien (o incluso curen) el sufrimiento de millones de infancias y familias. A pesar de contar con tanta propaganda generalizada, la realidad se configura de otra manera. Bien porque los diagnósticos psiquiátricos existentes carecen de bases científicas sólidas, bien porque el tratamiento dominante es a través de la medicación, con resultados desastrosos en la mayoría de los casos. De hecho, es espectacular el fracaso a la hora de encontrar pruebas reproducibles de que condiciones como el TDAH, o el Trastorno del Espectro Autista, o la depresión infantil sean el resultado únicamente de anomalías genéticas, bioquímicas, genómicas o de otro tipo localizadas en el cerebro. Este hecho ha sido admitido por destacadas personalidades del ámbito psiquiátrico internacional, como admitió el Dr. Thomas Insel, director del NIMH[1] durante trece años (INSEL, 2022), también  por el jefe del equipo que elaboró el DSM-IV, el Dr. Allen Frances (COCHRANE AUSTRALIA, 2022). A pesar de la colosal inversión para descubrir las causas biológicas de las afecciones psiquiátricas, existen abundantes pruebas de determinantes sociales en los llamados trastornos. (BERESFORD et al. 2016; READ et al. 2013; COHEN, 2016; SMAIL, 2005).

Cambios estructurales en el contexto de la infancia y la adolescencia: el contexto de la creciente medicalización

El espacio de la infancia ha cambiado en la cultura Occidental contemporánea. No podemos pensar en la infancia y la adolescencia sin tener en cuenta el proceso civilizatorio que construye lo que es ser infante, adolescente, joven, persona adulta, persona anciana. Ser infante o adolescente hoy no es lo mismo que hace unas décadas, a principios del siglo XX o en los albores de la modernidad (ARIÈS, 1978). El enfoque excesivamente biológico reduce lo “bio-psico-social” a “bio-bio-bio” (READ, 2005). Cada vez son más los psiquiatras destacados que se pronuncian contra el papel corruptor de las empresas farmacéuticas y el modelo simplista que promueven para vender sus productos. En 2005, el Dr. Steven Sharfstein, entonces Presidente de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), escribió: Si se nos considera meros pastilleros y empleados de la industria farmacéutica, nuestra credibilidad como profesión se verá comprometida. Al abordar estas cuestiones de Big Pharma, debemos examinar el hecho de que, como profesión, hemos permitido que el modelo bio-psico-social se convierta en el modelo bio-bio-bio. (SHARFSTEIN, 2005, [s.f.], traducción a partir de la realizada por los autores). Más recientemente, la crítica al modelo biomédico de la psiquiatría ha sido formulada nada menos que por las Naciones Unidas. El doctor Dainius Pūras, psiquiatra lituano, relator de las Naciones Unidas, escribió: Las actuales políticas de salud mental se han visto afectadas en gran medida por la asimetría de poder y los sesgos debidos al predominio del modelo biomédico y las intervenciones biomédicas. Este modelo ha conducido no sólo al uso excesivo de la coerción en el caso de las deficiencias psicosociales, intelectuales y cognitivas, sino también a la medicalización de las reacciones normales a las muchas presiones de la vida, incluidas las formas leves de ansiedad social, tristeza, timidez, absentismo y comportamiento antisocial (…) Este mensaje puede promover el uso excesivo de categorías diagnósticas y ampliar el modelo médico para diagnosticar patologías y proporcionar modalidades de tratamiento individuales que conducen a una medicalización excesiva. El mensaje desvía la política y la práctica de la adopción de dos poderosos enfoques modernos: un enfoque de salud pública y un enfoque basado en los derechos humanos (…) La medicalización excesiva es especialmente perjudicial para los niños, y las tendencias mundiales a medicalizar los complejos problemas psicosociales y de salud pública en la infancia deben abordarse con mayor firmeza y voluntad política (CONSEJO DE DERECHOS HUMANOS DE LAS NACIONES UNIDAS, 2019, traducción a partir de la realizada por los autores). El 10 de junio de 2021, la Organización Mundial de la Salud (OMS) se sumó a este llamamiento mundial para superar el modelo biomédico de la psiquiatría, con un documento de 300 páginas titulado Orientaciones sobre los servicios comunitarios de salud mental: Promoción de enfoques centrados en la persona y basados en los derechos (ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD, 2021). En el documento se afirma: En muchos entornos, la atención sigue centrándose predominantemente en el diagnóstico, la medicación y la reducción de los síntomas. Los determinantes sociales críticos que afectan a la salud mental de las personas, como la violencia, la discriminación, la pobreza, la exclusión, el aislamiento, la precariedad laboral o el desempleo, la falta de acceso a la vivienda, a las redes de seguridad social y a los servicios de salud, suelen descuidarse o excluirse de los conceptos y prácticas de salud mental. Esto conduce a un diagnóstico exagerado del sufrimiento humano y a una dependencia excesiva de los psicofármacos, en detrimento de las intervenciones psicosociales (…) Es necesario un cambio fundamental en el ámbito de la salud mental para poner fin a la situación actual. Esto significa repensar las políticas, leyes, sistemas, servicios y prácticas en los diferentes sectores que afectan negativamente a las personas con enfermedades mentales y discapacidades psicosociales, garantizando que los derechos humanos sustentan todas las acciones en el ámbito de la salud mental. En el contexto específico de los servicios de salud mental, esto significa avanzar hacia prácticas más equilibradas, centradas en la persona y orientadas a la recuperación, que consideren a las personas en el contexto de su vida como un todo, respetando su voluntad y preferencias en el tratamiento, implementando alternativas a la coerción y promoviendo el derecho de las personas a la participación e inclusión en la comunidad (ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD, 2021, p. 20, traducción a partir de la realizada por los autores).

La medicalización de la infancia y la adolescencia en el contexto de la sociedad neoliberal

El crecimiento de la medicalización psiquiátrica infantil es contemporáneo de importantes cambios psicosociales en el contexto de la infancia y la adolescencia. A menudo observamos la medicalización de las relaciones familiares y las tensiones generacionales. De forma esquemática, he aquí un resumen de algunos de los principales cambios en la estructura familiar contemporánea: Estructura familiar – desaparición de la familia extensa, aumento de las separaciones y divorcios, aumento de las horas de trabajo de los padres, disminución del tiempo que los padres pasan con los hijos (SOCIOLOGÍA SIN LÍMITES, 2022). La paternidad se define ahora no sólo por la biología, sino por factores socioafectivos y civiles, estando cada vez más determinada por lo social que actúa a través de especialistas. Lo social modela la relación entre padres e hijos mediada por la acción de profesionales de la salud, educadores y representantes de la ley, figuras de la tercera parte social. Estilo familiar: mayor movilidad, pérdida de las raíces comunitarias, mayor búsqueda de la gratificación individual. La democratización de la esfera privada está actualmente a la orden del día (BOUNDLESS SOCIOLOGY, 2022). Cabe destacar, según Giddens (1993), la importancia de la democracia en este estilo de familia contemporánea. Democracia significa la oportunidad de que la fuerza del mejor argumento sea preponderante, a diferencia de otras formas de tomar decisiones. En la época contemporánea, se ha producido una democratización de la vida familiar. Estilo infantil – disminución de la cantidad de actividad física, cambios en la dieta con aumento de azúcares y grasas y disminución de vitaminas, minerales y ácidos grasos esenciales, “domesticación” de la infancia debido a los miedos, riesgos para la salud y la seguridad que se derivan de la búsqueda de actividades en casa, como el uso del ordenador, la televisión y las tabletas (SOCIOLOGÍA SIN LÍMITES, 2022). Marketing infantil: aumento del consumo de productos para las infancias y creación de nuevas oportunidades comerciales en la infancia, por ejemplo en la industria alimentaria, de cuidados y farmacéutica (SOCIOLOGÍA SIN LÍMITES, 2022). Sistema educativo – fuerte énfasis en el rendimiento académico, la productividad y la competencia. Jerusalynsky (2018) afirma que existe una creciente demanda de profesionales del ámbito “psi” por parte de la escuela, cuyas quejas gravitan en torno a la depresión, la falta de motivación, la intolerancia e incluso los linchamientos virtuales. Si dirigimos nuestra atención a lo que está ocurriendo con las infancias brasileñas en los últimos años, la realidad es demasiado impactante:
    • El número de infancias entre seis y siete años en Brasil que no saben leer y escribir creció un 66,3% de 2019 a 2021 – explicando uno de los efectos de la pandemia de COVID-19 en la educación brasileña. Según datos de la ONG Todos pela Educação, 2,4 millones de infancias brasileñas no saben leer ni escribir en este grupo de edad. El número corresponde a casi la mitad (40,8%) de las infancias en este grupo de edad. (CNN BRASIL, 2022).
    • De cada cuatro escuelas públicas de la ciudad de Río de Janeiro, tres sufren tiroteos en sus inmediaciones (CRUZ; GRINBERG; PERELLÓ, 2022). Río de Janeiro, una de las principales postales turísticas de Brasil, es escenario frecuente de enfrentamientos entre facciones rivales del narcotráfico o con la policía, especialmente en las favelas cariocas.
La violencia y el desamparo, así como las múltiples transformaciones de la contemporaneidad, explican la complejidad que gravita en torno a los comportamientos infantiles, ya que éstos no se limitan al paradigma biológico.
[1] National Institute of Mental Health, por sus siglas en inglés. (Instituto Nacional de Salud Mental).

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