“No te preocupes”, sin más

1
543
imagen de un médico con bata blanca y estetoscopio en mano, cruzando los brazos

Mi historia tardó en descubrirse, pero al final quedó claro que mis síntomas y el giro que había dado mi vida no eran tan inusuales y, aunque fue devastador, me sentí aliviada. A pesar de que esto no ha terminado para mí, quiero contar mi historia ahora. Mi experiencia ha sido como la de tantos otros. No se trata de uno solo de nosotros. Se trata de todas nuestras historias y de cómo sobrevivir a la dependencia de las benzodiacepinas prescritas y al síndrome de abstinencia puede ayudar a poner las cosas en su sitio y evitar más sufrimiento. Y cómo todos los sitios web, publicaciones y movimientos que la gente ha creado para contar sus historias pueden ayudar a otros a recuperarse e instigar mejoras en los enfoques que los profesionales de la atención sanitaria adoptan cuando tratan la disfunción neurológica* que resulta de esta enorme lesión iatrogénica1.

Después de que fracasaran varios tratamientos comunes para un dolor continuo, me recetaron una “dosis infantil” de diazepam para lo que un médico especialista en tratamiento del dolor me dijo que era muscular. Casi dos años después, creyó que el dolor provenía de mi articulación sacro-ilíaca y lo trató como tal. Así que, durante dos años, me recetaron regularmente la misma dosis de diazepam para los “calambres musculares”. No se me informó de ningún efecto secundario ni de problemas de dependencia. Pregunté. La respuesta fue: “No es nada”, “Es muy poco”, “No pasa nada” y mi preferida: “No te preocupes”. Cuando le conté a mi hermano lo que estaba tomando, me dijo: “¿Por qué tomas eso? Crea adicción”. Se lo pregunté al médico y me aseguró que estaba “bien” y que, de nuevo, no me preocupara: “No tienes la personalidad de un adicto”.

Prescribir y tomar un fármaco que crea dependencia y con otros efectos secundarios graves es algo que debería preocuparnos a todos. Al principio, me aliviaba algo el dolor, pero también me quejaba de estar cansada y aletargada, y el médico me dijo que dividiera la dosis y tomar un café. Al cabo de unas tres semanas, le dije que ya no me hacía efecto. Me dijo que debía continuar mientras hacía fisioterapia. He sido una persona activa y hacer ejercicio me resultaba fácil, pero ahora ya no funcionaba. El ejercicio y el masaje estaban empeorando las cosas. El dolor articular original había sido manejable antes. Tenía que tener cuidado al hacer ciertas cosas, pero seguía estando activa. A veces era mejor. Después de empezar a tomar diazepam, las cosas empeoraron. Era difícil de entender. Era insidioso y al final llegó a afectar a mis relaciones y a mi trabajo. En retrospectiva, es fácil ver lo que pasó, pero cuando estaba sucediendo, buscaba ayuda en los profesionales médicos. Sin embargo, todos me decían que tomar diazepam regularmente estaba bien. “Continúa tomándolo”. Cuando no iba al médico de la unidad del dolor, mi médico de cabecera me hacía las recetas sin problema. De hecho, cuando le pregunté si era posible que tuviera un problema neurológico, enseguida me recetó gabapentina (otro medicamento que también cree síntomas de abstinencia). Al comprarlo, leí el prospecto y la devolví. Fue entonces cuando mi farmacéutica me dijo que ella lo había tomado y que le había sentado mal.

Hablé con el médico del tratamiento del dolor sobre todos los demás médicos que había visto y sobre si debía buscar terapias alternativas. Me animó a hacer lo que considerara mejor. Tenía poco más de 50 años y aquello no se parecía a nada que hubiera experimentado antes. En los meses siguientes, todo empeoró progresivamente, hasta que me puse tan enferma que pedí una cita de urgencia. Apunté mis síntomas porque no tenía presencia de ánimo para explicar nada espontáneamente. Decidí centrarme en que era hipersensible a, pues, a todo. Me cambió la medicación de diazepam a bromazepam. Unos días más tarde, me costaba tanto caminar que apenas llegaba a la consulta. Me volvió a cambiar la receta a diazepam y, mirando directamente a mi pareja, nos deseó unas felices fiestas y terminó diciendo: “¡Relájense y tomar un poco de champán!”.

No teniendo otra opción en ese momento que seguir con él, le llamé el domingo diciendo que creía que estaba teniendo una reacción alérgica al medicamento. Fue entonces cuando me dijo que lo dejara. Mis investigaciones posteriores me revelaron lo que era la reducción progresiva (tapering) y la vida media (half-life) de un medicamento, pero ya era demasiado tarde. Cinco días después, me llevaron al hospital en ambulancia. Me inyectaron un opiáceo (**) y empezaron las convulsiones. Cuando remitieron, me ingresaron y alguien vino a subirme a una habitación, pero nunca me informaron de lo que me había ocurrido. Durante los cinco días siguientes estuve sola en una habitación privada. Las enfermeras apenas me miraban; me tomaban las constantes vitales sin decir una palabra. Decir que mi experiencia en el hospital fue terrorífica o infernal no alcanza a describir el sufrimiento por el que pasé. Un médico vino a decirme que me iban a dar el alta y le pregunté cómo era posible que me dieran el alta sin siquiera hacerme un análisis de sangre. A la mañana siguiente me sacaron sangre. Apareció otro médico con un séquito de al menos seis colegas para darme los resultados. No tenía nada. Todo estaba muy bien. Estaba “súper sana”. Me preguntó si estaba durmiendo y le respondí, “Sí, duermo bien”. Sin mirarme, empezó a escribir diciendo, “No te preocupes, aquí tienes una receta de somníferos”. No compré nunca el medicamento y guardo la receta para recordarme de lo alerta que tengo que estar siempre.

Durante ese tiempo, hice todo lo posible por buscar en internet información de lo que me estaba pasando. Al final encontré el Ashton Manual***. A partir de ahí descubrí información e historias en las que empecé a confiar. Los detalles no podían ser pura coincidencia. Miles de personas contaban historias similares, con los mismos síntomas y la misma retórica de sus médicos. Algunos podían describir lo que sentían. Leí sobre la reducción progresiva (tapering). Obviamente, por aquel entonces ya no era una opción, pero me enteré de los peligros de la cesación abrupta. Por desgracia, ya había hecho su daño y ese daño se había extendido a mis dos hijos y a mi marido. En cuanto a mi familia y mis amigos, apenas podía hablar con ellos. Medía el tiempo por minutos para superar las oleadas de dolor: “Son las 10:52. A las 11:30 las cosas irán mejor”.

Tardé tres meses en ser capaz de encontrar la ayuda adecuada; en ser capaz de escribir un correo electrónico o hacer una llamada. Por fin concerté una cita telefónica y, antes de mi primera sesión, dicté un mensaje en el que describía cerca de 50 síntomas. Tenía síntomas de la cabeza a los pies. En el mensaje explicaba que, al principio, ya encamada, había pedido al médico de cabecera que viniera a mi casa para comprobar mis constantes vitales. Durante la visita, de repente me estremecí violentamente por todo el cuerpo. Nunca lo olvidaré, porque me preguntó por qué lo hacía. ¿Tenía frío? No. Entonces, ¿por qué? No lo sabía. Entonces me dijo: “Tienes que pasar el mono”. Así que, sabía que era síndrome de abstinencia. Dijo que duraría unos días, quizá un par de semanas. “Estarás bien. No te preocupes”.

Cuando no desapareció y le describí la aparición de otros síntomas, me dijo que nunca había visto algo así. Nunca había tenido un caso así; una respuesta común de los médicos de otros pacientes con lo mismo que yo. No le interesó la investigación que había realizado ni mis hallazgos. Encontré historias, artículos en periódicos, blogs, vídeos, podcasts, libros, artículos científicos, y personas dedicadas a ayudarnos a superar el tormento. No revisó ni consideró nada de eso. Le dije que estaba en contacto con un experto en el Reino Unido. No había ninguna duda sobre lo que había ocurrido y lo que me pasaba. Me lo explicó todo; yo experimentaba tolerancia y a retirarme el medicamento de repente, me enfrentaba a una lesión neurológica. Mi caso era un ejemplo de libro de texto. Sin embargo, sólo se centró en lo que sabía. No estaba preocupado.

Después de pasar el “cold turkey”2, incluso comer era una tortura. Sentía que mi cuerpo no dejaba que la comida bajara. Había adelgazado 5 kilos desde los 50, muy por debajo del peso saludable para mi estatura. Mientras tomaba el fármaco, conté a un médico tras otro mi constante pérdida de peso. Algunos venían con excusas de por qué estaba bien. Siempre había seguido una dieta sana y variada, pero ahora mi aparato digestivo estaba tan alterado que intenté arreglarlo por mi cuenta, eliminando alimentos uno a uno. Nada me ayudaba. Consulté a un gastroenterólogo y a un alergólogo. Me dijeron que no me pasaba nada, las pruebas eran negativas y, de nuevo, el proverbial “no te preocupes”. Fue frustrante. Ningún médico relacionó el medicamento con mis síntomas. Todo se hizo evidente demasiado tarde.

Con los años, me he dado cuenta de que la mayoría de los médicos son hábiles en el trato con los pacientes, pero al cabo de un tiempo leer sus micro-expresiones no es difícil, sobre todo si estás divulgando la misma información. Acabas escuchando las mismas respuestas y explicaciones una y otra vez. Mientras buscaba una solución a mis síntomas, me pareció que decir que me habían dado una benzodacepina (BZ) para el dolor muscular no importaba. Si el médico que me lo recetaba pensaba que necesitaba una BZ, los demás le seguían la corriente ciegamente. Incluso ahora, después de toda la información que les he proporcionado, siguen convenciéndose de que el hecho de que tenga síntomas físicos prolongados tiene que ser psicológico y se debe al trauma del síndrome de abstinencia, que fue el resultado de seguir las instrucciones explícitas del médico y su tratamiento continuo que causó tolerancia y disfunción neurológica.

Les cuento lo que he descubierto y les ofrezco información que se ha publicado para su beneficio. Su malestar se desata cuando se enfrentan al hecho de que mis problemas fueron inducidos por un medicamento recetado, tomado según lo prescrito y suspendido según lo prescrito. Hace poco, un enfermero me dio una clase. Me insultó y se puso tan enfático que dejé de intentar conversar y acabé accediendo sólo para tranquilizarle. Me pregunto si en el fondo intuyen que algo va muy mal, pero no pueden defraudarse a sí mismos, a su formación, a su carrera o a sus compañeros de profesión admitiéndolo. Lo comprendo. Han estudiado mucho y han trabajado mucho para convertirse en profesionales de la medicina, pero también son conscientes de que históricamente este campo ha cometido algunos errores devastadores. Prescribir fármacos de forma innecesaria, incorrecta y sin informar al paciente de los efectos secundarios es uno de ellos.

No es de extrañar que las visitas al médico sean para mí un acontecimiento inoportuno, aunque a veces necesario. Hace poco visité a mi médico de cabecera para una revisión. No sabía que las ocho páginas de análisis de sangre que pidió se utilizarían a su favor; la prueba de que no me pasa nada físicamente y de que la disfunción neurológica inducido por una benzodiacepina (BIND*) no dura tanto. No me hizo ningún otro tipo de prueba. No tiene una explicación para mi situación ni siquiera quiere buscar una. Sin embargo, soy plenamente consciente de mi situación y de que el problema no se revela con análisis de sangre. Mi sistema nervioso tiene que adaptarse y mi cerebro tiene que recuperarse de la lesión causada por la benzodiacepina. Le he enviado información y publicaciones y le he sugerido que se ponga en contacto con un experto. No mostró interés y dudo si la atención que me van a dar a partir de ahora es sin prejuicio. No hay recursos dentro del sistema para gente con BIND* y por los datos que existen seguro que tiene pacientes con lo mismo. Descubrí lo que me había ocurrido investigando en internet y lo confirmé en sesiones con especialistas del Reino Unido y Estados Unidos. Entre dos de mis amigos más íntimos descubrí que uno de ellos había pasado por un síndrome de abstinencia de un antidepresivo que duró mucho tiempo y el otro lo redujo rápidamente experimentando síntomas más leves durante menos tiempo. Los pocos amigos con los que estoy en contacto me contaron casos que conocían o de los que habían oído hablar.

El número de especialistas dedicados a ayudar a las personas a superar esta situación es muy limitado, y a menudo se limita a personas que han tenido que recuperarse por sí mismas. Son literalmente salvavidas para algunos de nosotros. La experiencia de las personas de la comunidad es un recurso valioso y fiable para los profesionales médicos. Los datos cuantitativos están ahí.

Tengo una disfunción neurológica temporal debida a la toma prolongada de una benzodiacepina (BIND*) según lo prescrito. La única cura conocida es el tiempo. Mi historia no ha terminado, pero algún día lo hará. No me preocupa. Ahora hago todo lo que puedo. Para mí, todo es cuestión de preparación; aprender y trabajar todo lo que pueda para estar listo para una nueva etapa de mi vida. En este momento, todavía tengo que esperar para ciertas cosas como viajar a visitar a mi familia y salir con mis amigos a pasear en el monte. Debido a este acontecimiento iatrogénico, quizás algunas personas han cambiado su opinión sobre mí. Ha afectado a todos los aspectos de mi vida. Sin embargo, mientras tanto, me he sentido orgulloso del valor y la resistencia que tengo para salir adelante y agradecido por la paciencia y la compasión de los pocos, especialmente mi pareja, que me han ayudado de verdad y comprenden que tengo mucho de lo que estar orgulloso. Ellos saben quiénes son y quién soy yo.

Alguien cercano a mí que quiere ayudar me dijo que estaba decepcionado conmigo e insiste en que mi caso es un “misterio médico aún por desentrañar”. Aquí no hay ninguna cebra3. Ya sabemos lo que pasa. Necesitamos que la comunidad médica se ponga al día. Son ellos que deberían estar preocupados.

*BIND o ABIND : Antidepressant/Benzodiazepine-Induced Neurological Dysfunction

** https://www.fda.gov/drugs/drug-safety-and-availability/fda-drug-safety-communication-fda-warns-about-serious-risks-and-death-when-combining-opioid-pain-or

*** Ashton Manuel en español: https://www.benzo.org.uk/espman/index.htm

Mas información (en ingles): https://www.benzoinfo.com/

Sobre tapering: https://www.benzoinfo.com/benzodiazepine-tapering-strategies/

Tiras de reducción gradual (venta de tapering strips): https://www.taperingstrip.es/

Guía para terapeutas (en español): https://prescribeddrug.info/la-guia-en-espanol/

Aviso importante: La interrupción brusca del consumo de benzodiacepinas, a veces denominada “síndrome de abstinencia”, desintoxicación o interrupción, demasiado rápida, puede provocar síndromes de abstinencia graves y potencialmente mortales, así como daños prolongados en el sistema nervioso central. La recuperación de estos síndromes puede llevar meses o incluso años, por lo que es importante la prevención. También se ha descrito este fenómeno en algunas personas que dejan de tomar otros medicamentos, como los opiáceos o los ISRS.

  1. condiciones mentales o físicas desfavorables que son resultado de algún tratamiento médico.
  2. Se le conoce de este modo a los efectos de abstinencia que se presentan al interrumpir el consumo de ciertos fármacos.
  3. “Aquí no hay ninguna cebra” – A modo de decir que no hay ningún misterio, o no es algo desconocido.

1 COMENTARIO

  1. No es mi intencion causar panico, ni promover el miedo o inhibir el deseo o necesidad de nadie de atencion medica.

    No obstante, creo que estoy en posicion diferente para poder escribir, a forma de aclarar, brindar informacion que de otra manera otras personas con conocimiento directo no van a escribir:

    La profesion medica es una actividad cuasi-criminal.

    Aunque la homogeneidad de pensamiento y accion, asociada al uso de la fuerza para inhibir las desviaciones del pensamiento y las acciones compartidas, aunadas a la secrecia, no son exclusivas de las mafias, si lo es la persistencia en violar la ley de manera recurrente para perseguir un beneficio con detrimento de otras personas. Aun si el detrimento, el dano, es aleatorio y no muy frecuente, al menos en apariencia.

    Asi planteado lo veo abstracto, hasta exagerado o mas precisamente hiperbolico.

    Pero, lo apoyo con experiencias. Pero antes porque es importante:

    Por que los medicos se desquitan con los colegas, policias, pacientes, etc., si alguien se desvia del guion de “pacientes” y “colegas”. Y en mi entender son precisamente los psiquiatras quienes juegan un papel dominante en la represion. Aunque cualquiera con algun agravio, incluso imaginario puede “entrarle” al “caso”.

    De ahi la secrecia universal ante un dano medico, franco, claro y patente: nadie quiere ser psiquiatrizado, encarcelado con fabricaciones en el expediente medico, o que un familiar sufra tal destino. Vaya, ni siquiera un maltrato medico por parte de otro colega, solo por abrir la boca para explicarle al paciente lo que le sucedio.

    Habia redes informales de comunicacion antes del internet. Ahora hay redes sociales.

    Me toco una platica con recursos humanos de un hospital para policias que no recurrian a hospitales ya funcionando porque aparentemente anlgunos colegas se “desquitaban” con los policias. Imagino porque, no creo que sea dificil.

    Me ha tocado tres veces que dos medicos me pidieran falsificar dos resumenes clinicos y un reporte de investigacion, que pretendia ser cientifica. Para entregarlo a la autoridad que proporciono fondos para ello.

    Me habian platicado y me toco que me invitaran a sesiones de hipnosis en una escuela de medicina, con finalidad y objetivos desconocidos. Con inyeccion de medicamentos intravenosos, grabadas con una decena de extranos, dicen, eso no me consta.

    Despues de las cuales, segun una profesora que me lo conto antes de que me invitaran, varios muchachos de “mi tipo” quedaban “muy mal”.

    Que por eso me advertia, y me lo platico delante de un testigo, amigo mio.

    Dirigidas, coordinadas o a invitacion de un profesor con comportamiento notoriamente antisocial, no narcisita, al cual hasta sus companeros profesores le tenian miedo…

    Que por dichos de otro profesor, aparentemente con fines de abuso, coercion o “seduccion” sexual. De ahi, infiero “mi tipo”.

    Me toco en dos ocasiones recibir a peticion mia consejo de un profesor que pudo matar a un paciente. Deliverado, con franca mala intencion, contraindicado en terminos medicos.

    Me toco un casi secuestro o al menos acoso a 800km de distancia de un “companero”, “discipulo” del profesor invitante a las sesiones de hipnosis, cuando estaba trabajando en una comunidad rural.

    De ese companero me toco recibir amenazas cumplidas, y amenazas veladas por via telefonica y posiblemente por correo, estando incluso yo en otro pais. Redes informales para saber, a miles de kilometros que un colega “esta hablando”, lo que era mi caso.

    Con silencio, acompanamiento, encubrimiento y franco aliento de otros de mis “companeros”. Que incidentalmente tendrian calidad de testigos de las amenazas cumplidas, entre otras.

    Con comportamiento que yo describo, por brevedad, como incapacidad moral. E incluso con franca, notoria y patente desconocimiento de la ley mas fundamental: La Constitucion.

    Ese companero tenia retorica francamente halucinada y deluida. No lo diagnostico, lo describo en brevedad. Especulo de ahi su status de “discipulo”, la instrumentalizacion de las victimas de la psiquiatra por personas, medicos, profesores con comportamiento notorio y francamente piscopatico.

    Manipulables y manipuladores, particularmente si ya los tienen “agarrados” precisamente por violar la ley. O desean un titulo y una cedula para “salvar vidas!”, “ayudar a los demas!”, etc.

    Volverse victimario para obtener un titulo y una cedula, o al menos para que no le peguen, manque sea poquito.

    He visto cuando menos un acto de tortura, un intento de homicidio por “negligencia”, molestias de indole sexual en una mujer de la tercera edad, ademas dispacacitada.

    Acoso sexual, violencia verbal y psicologica, acoso moral, lo tristemente habitual en otras instituciones.

    Y todo eso, con el silencio, la complicidad y el encubrimiento de TODOS aquellos, yo incluido, que tomamos conocimiento de los hechos.

    Debe haber mas en mi cajon de los recuerdos, y no solo son mis recuerdos, en mucho de eso hay o hubo testigos. Obvio, asi planteado, con mi ejemplo nomas, dudo que abran el pico.

    Pero eso si, mis otros colegas se rasgan las vestiduras quesque porque “nos quieren criminalizar!”.

    No colegas, ya somos criminales de tiempo atras, lo que buscan las victimas, pacientes, colegas y autoridades es JUSTICIA nomas.

    Y tambien esta el pequeno detalle que muchos medicos creen, falsamente, que por vocacion o mision pueden tomarse atribuciones que les corresponde por ley a otras autoridades como el ministerio publico, las autoridades reguladores, el legislativo, etc.

    Y como ejemplo dos preguntas:

    1.- En cuantos consultorios, laboratorios, gabinetes, etc., han visto el original del titulo y cedula profesionales como marca creo la Ley General de Salud?. No fotocopias.

    2.- Saben lo que es el “rentame tu cedula profesional para la responsiva!”?. Recordandome que los responsables sanitarios tienen la obligacion de estar 8hrs diarias cinco dias a la semana en la instalacion de la cual son responsables. Hasta donde recuerdo,

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí