Antipsiquiatría: Salud y Enfermedad Mental.

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Una silla vacía, iluminada por una luz que cae desde arriba, las paredes y los pisos del cuarto se encuentran acolchados, con excepción de la silla el cuarto no está iluminado, transmite una sensación de suciedad, abandono y aislamiento.

El lugar del sujeto dentro de las instituciones.

Salud Mental

La idea de salud mental se sostiene a partir de una posición objetiva, anulando en cierta medida las particularidades de cada individuo, poniéndole un alto de esa manera a la subjetividad del sujeto.

La salud mental se encuentra en el campo de lo universal, se plantea como una cuestión general, que se dirige hacía un sujeto, sin embargo el sujeto se encuentra del lado de lo particular. Particular y universal, son discursos excluyentes entre sí mismos, mientras que lo universal plantea un todo, lo particular apunta hacia un no todo.

Los planteamientos en salud mental son dirigidos hacía un objeto teórico, hacia una suposición, a partir de una universalidad, pero dejando de fuera al objeto real, el sujeto en su padecer y en su situación específica. Este objeto teórico es el objeto creado por el discurso de la salud mental y es aquí en donde encontramos a sus voceros, aquellos que se hacen llamar expertos, los dispositivos psi, todas estas ramas que se colocan como dueños del saber en cuanto a la salud y enfermedad mental, y por lo tanto quienes se consideran en capacidad de determinar los normal y anormal.

El discurso de la salud mental; la salud mental se presenta como un significante Amo, comanda el discurso y el actuar de aquello que se han alienado bajo sus mandos. Bajo la idea de la “salud mental” es como se considera nuestro actuar, nuestra manera de relacionarnos, y todo aquel que se desvíe aunque sea un poco de aquel camino trazado por la “normalidad” queda marcado como un “anormal”, o en palabras que a mi parecer son más graves… un “enfermo mental”.

Una de las problemáticas más complejas al abordar este tema es el pensar cual es el tratamiento que se brinda por aquellos dispositivos psi, este problema lo encontramos especificado en que el objetivo de todo tratamiento apuntaría hacía un mayor “bienestar” para el sujeto, este sería el ideal del trabajo terapéutico o tratamiento, y esta idea de bienestar es determinada por los profesionistas, por la estandarización y la idea de “normalidad” sin embargo el bienestar es relativo en cada caso, por lo que el trabajo debe irse construyendo en función al paciente, buscando la invención de una “solución” a partir de cada síntoma, de cada sujeto.

Cada tratamiento debe de considerar al síntoma como lo más particular del sujeto, implica una manera de comunicación hacía otro, se implica a sí mismo y a otro, es una manera de desarrollar un discurso, un mensaje por medio de una manifestación sintomática, es por esto que un síntoma no puede ser reducido a una lista de criterios expuesta por un manual diagnóstico (llámense DSM-V o el más reciente CIE-11).

Es a partir de esto en donde quisiera dirigir la mirada hacía una postura tanto teórica como ética que tomó relevancia en la década de los 60’s sobretodo gracias a los trabajos de David Cooper, Robert Laing, Thomas Szasz y Erving Goffman, siendo esta la antipsiquiatría, en un planteamiento muy general la antipsiquiatría se presenta como una corriente radical que descarta los desarrollos psiquiátricos, desplazándose hacia toda rama encargada de pensar y actuar sobre cuestiones relativas a la salud mental y psicopatología. Al luchar contra la estigmatización, pareciera ir en contra de todo trabajo realizado por los dispositivos psi.

Sin embargo podemos tomar ciertas ideas planteadas por esta corriente y replantearlas en función a pensar en intervenciones dentro del ámbito clínico.

He decidido tomar el enfoque de la antipsiquiatria no por sus críticas a los dispositivos psi como institución de poder, sino por tomar al sujeto como eje principal de su intervención, retomando al sujeto en su particularidad, en su contexto social, haciéndolo protagonista de su “padecer” (si es que de algo padece).

Enfermedad Mental:

¿Qué implica pensar en enfermedad mental? Muchos debates ha habido acerca de que es una enfermedad mental, si puede considerase si quiera una enfermedad, desde un plano completamente orgánico, se rechaza la idea de una enfermedad mental a partir de que en muchas ocasiones no es posible encontrar alteraciones en el sistema nervioso, entonces sustentado desde esta perspectiva en muchos casos es imposible hablar de enfermedad mental, y aun así encontramos aquellos casos que se han desviado de una conducta “normal”, que presentan ciertas ideas o se expresan de manera que resulta disruptivo con el medio en el cual se encuentran, puede hacerse una valoración de estos sujetos, someterlos a distintos exámenes y pruebas y orgánicamente no encontrar anomalía alguna y es a pesar de esto que se les considera “enfermos mentales”, la idea de enfermedad (salud) mental, entonces no puede ser pensada desde un plano biológico, puede ser un punto de apoyo para sostener la idea más no una base, es entonces que debemos de pensar que otros planos influyen para que consideremos a alguien sano o insano mentalmente.

Partiendo del planteamiento de Thomas Szasz “hacemos referencia a que la persona que posee esta condición “anormal” busca o desea ayuda médica para su sufrimiento y su enfermedad. En otras palabras el sufriente desea y está dispuesto a ser un paciente”[1]. La enfermedad sería entonces un rol, un rol que puede ser asumido por sí mismo o designado por otros, de esta manera comenzamos a abrir el campo hacía el campo de lo social y lo individual.

Al pensar en la enfermedad mental como un rol o un lugar que se asume o asigna se implica que hay otros que marcan un parámetro o norma que les permita delimitar el lugar que cada uno usara entre lo sano e insano, la salud mental no sería únicamente la norma, sino el ideal y el objetivo que debe de alcanzarse y en el cual nos debemos mantener, este objetivo es planteado según distintas instituciones, basándose en un supuesto saber, lo cual les confiere un lugar de poder frente a los otros, aquellas instituciones designan el lugar en que se nos ubicara y cuál será el procedimiento y tratamiento que cada uno de nosotros deberá recibir.

Este lugar de Poder/Saber, es un absoluta, las más de las veces incuestionable.

Lo social para  pensar la enfermedad mental.

La enfermedad mental se manifiesta a través de los actos o pensamientos de los individuos, parte de un acto o una situación completamente singular, sin embargo esta es una forma muy particular del sujeto de hacer frente a situaciones provenientes del medio externo, de lo social.

Por medio de los síntomas el sujeto busca hacerse de un propio lugar, elaborar su propio discurso, por medio de su sintomatología el sujeto buscará relacionarse con los otros, con su medio y poder conciliar aquello que no ha podido tramitarse.

Siendo entonces desde este planteamiento que la psicopatología (enfermedad mental) puede adquirir un nuevo estatuto, ya no como deterioro o impedimento, sino como una manera de adaptación.  

Existen distintos planteamientos dentro de la corriente antipsiquiátrica, cada uno de los cuales mantiene una postura particular frente a la idea de enfermedad mental y acerca de cuál es el tratamiento o acción que debe de tomarse hacía esta situación, pero si hay un punto en el que convergen los distintos planteamientos de la antipsiquiatría es al pensar que la condición predominante de la enfermedad mental es el medio social, la sociedad como opresora, desarrollando distintas instituciones que ostentan poder y someten al sujeto, una sociedad opresora que empuja al individuo a buscar nuevas maneras de responder a sus exigencias, a alienarlos a los ideales y planteamientos normativos.

Algunos autores piensan entonces en la enfermedad mental como un intento de liberación del sujeto, el enfermo mental es entonces un “ser libre”, como puede llegar a leerse en Laing, este planteamiento me parece tanto romántico como extremista, ya que mediante este intento de liberación el sujeto puede quedar “preso” de sus propios padecimientos y en ciertos casos puede ser preso de las instituciones, tomándolo como un sujeto disruptivo que debe de ser “corregido”.

 Berlinguer[2] plantea que el sujeto tiene 4 formas de responder a las demandas (opresión) del medio social:

  • Integración: siendo esta forma de respuesta la de mayor funcionalidad, el sujeto logra conciliar sus deseos individuales con las demandas sociales, el sujeto se “normativiza” se mantiene dentro de los estándares de lo cotidiano, lo cual le permite mantener relaciones “adecuadas” con los otros, desarrollarse dentro de manera “satisfactoria” dentro de un medio social, lo que implica reducir los montos de frustración y buscar satisfacciones socialmente aceptables.
  • Huida: Berlinguer tomo como referencia de huida 3 puntos, el primero de ellos, el suicidio, forma de huida definitiva, donde el sujeto frente a una situación intolerable decide poner fin a su vida, el siguiente se refiere a una forma de huida que más frecuente del uso de sustancias que modifiquen la manera de conducirse y de vincularse del sujeto con el medio (como lo son el uso de drogas) siendo esta huida una solución momentánea, que busca únicamente apaciguar, pero sin poder dar una solución final y por otra parte la despersonalización o disociación, donde el sujeto “evade” su realidad, se aparta de ella, evitando encontrarse con lo intolerable.
  • Transformación artificial de la realidad: el sujeto mediante distintos elementos busca generar un cambio a su situación, Berlinguer retoma aquí el uso de sustancias como el alcohol o las drogas como elementos que puede utilizar el sujeto para construirse una nueva “realidad”, este tipo de transformación generalmente es momentánea , sus efectos no consiguen una transformación permanente, por lo que el sujeto debe permanecer en un constante intento de transformar la situación en la que se encuentra, Yo en este registro ubicaría las distintas manifestaciones psicopatológicas (no únicamente los episodios disociativos) ya que por medio de los síntomas el sujeto busca hacerle frente a situaciones que le son inconciliables, más que una huida es una manera de bordear aquello que no puede solucionar de manera directa.
  • Rebelión: una situación de cambio, que requiere de organización social, donde la disconformidad es mayor y no puede ser tolerado el nivel de opresión o demanda, es un cambio mucho más violento, que busca el cambio total y permanente de la situación.

Berlinguer considera entonces que existe relación entre los padecimientos psíquicos con situaciones prerevolucionarias, ya que la enfermedad mental sería entonces el reflejo de la inconformidad social y la imposibilidad del sujeto de sostenerse frente las demandas sociales.

Por mi parte no considero a la enfermedad mental como una manifestación revolucionaria, sin embargo sostengo que la enfermedad mental no nos habla únicamente del sujeto que la padece, sino que al ser considerada dentro de una sociedad, la enfermedad nos habla de las nuevas formas de relacionarse con otros, nos permite pensar en las dificultades que hay para adaptarse a las nuevas demandas y necesidades, la enfermedad mental es entonces enfermedad social, de época, se actualizan y evolucionan las nuevas formas de padecer.

La Salud Mental sería entonces un problema tanto político como social.

Diagnóstico y clasificación.

El diagnóstico ha gozado de un lugar privilegiado en el discurso psiquiátrico, ya que es a partir de esta categoría que se pensará el tratamiento, pronóstico de cada paciente, el diagnóstico desplaza en su totalidad al sujeto y deja a un lado al sujeto, ¿qué importa lo que la persona pueda decirme cuando puedo resumir todo su sufrimiento en unos cuantos criterios?

Un diagnostico se ajusta de manera perfecta a la manera de desear que se nos ha impuesto a nivel cultural, todo lo queremos rápido, queremos saber, pero no queremos pensar, que alguien me diga que padezco y como me deshago de ello… ¿yo pensarlo? Para que cuando un manual puede indicármelo, el psicoanálisis ha resistido a estos modos, se ha mantenido, y ha luchado por mantener el lugar del sujeto, por permitirle hacer(se) un discurso, que pueda enunciar su propio padecer (si es que padece de algo), ¿qué piensa el médico de mí? Poco importa, quien sabe de si mismo, de su propio padecer, es el sujeto… aunque las pocas de las veces sabe, que sabe.

¿Qué pasa cuando intervenimos pensando en el diagnóstico, cuando nos dirigimos a un criterio y no a un sujeto? El diagnóstico puede llegar al punto de convertirse en prejuicio, en etiqueta para el sujeto, encerrándolo en una clasificación, dejamos entonces de lado aquello que caracteriza a cada sujeto, lo que lo vuelve singular

Instituciones.

El trabajo de las instituciones psiquiátricas o de aquellas encargadas de lidiar con la “enfermedad mental” siempre se ha encontrado envuelto en toda clase de controversias, con prácticas violentas, desde la reclusión hasta las terapias de electroshock (terapia electro-convulsiva), sin embargo estas instituciones siempre han sido objetos de fantasías en el imaginario social, siempre con la pregunta ¿Qué ocurre tras aquellas puertas?, y en este punto vale la pena abrir un paréntesis para recordar que este año se conmemora el 50 aniversario del cierre de la Castañeda, se habló de que la institución cerraría y junto con ella los horrores cometidos tras sus puertas, pero lo que tal vez en ese momento no se pensó fue que ciertas instituciones se convertirían en sus herederos, como lo es el hospital Samuel Ramírez Moreno, en donde al día de hoy aún podemos encontrar algunos de los residentes del llamado “palacio de la locura”.

Las instituciones psiquiátricas a mi parecer al día de hoy podríamos encontrarlas como instituciones de inclusión y exclusión: Incluyen al sujeto dentro de sus instalaciones, se abren espacios de los cuales el sujeto puede hacer uso, de los que dispone y a los que puede acudir, el sujeto es entonces “incluido” en el grupo de los locos, de los enfermos mentales, al mismo tiempo que a nivel social adquiere un lugar, aunque este sea como lo “no deseado”, al tiempo que pasa esto el sujeto es excluido del medio externo, se le aparta de lo social, se reduce su posibilidad de relación a aquella que la institución le permite dentro de las instalaciones.

Basaglia plantea que tanto la cárcel como la institución psiquiátrica (manicomio) buscan recluir a aquellos sujetos que se han apartado de la norma, cuya conducta se ha desviado de lo convencional y representan un “riesgo” para otros, este salvaguardar al otro llega a encubrirse bajo la idea de resguardar al sujeto de su propio actuar. Actualmente las instituciones psiquiátricas se manejan bajo un modo que no permite una reclusión mayor a 3 meses (salvo algunas excepciones) sin embargo aún apunta hacía una “normalización”, hacía la reformación del sujeto. Ambas son entonces instituciones normativizantes.

En el caso de los pacientes psiquiátricos, su sintomatología es su manera de adaptarse, es la forma que encontró para hacerle frente a su situación, quitarlo de su síntoma es desadaptarlo, desajustarlo, por lo que la manera de plantear un trabajo es dirigirse a la búsqueda de la construcción de una nueva solución, una nueva solución que debe sostenerse sobre la singularidad de aquel sujeto.

Sujeto

¿Hacía donde dirigir entonces los tratamientos? No hacía un objeto de estudio, no hacía un diagnóstico, sino hacía el sujeto; hacía un sujeto soporte, que es aquel que se encuentra inserto en una estructura preexistente, como lo son lo social, la cultura, el lenguaje; siendo este el que se ha insertado en el lugar que le ha sido asignado y que es tanto efecto como causa de aquellas estructuras, por lo que querer intervenir únicamente sobre un síntoma es hacer esfuerzos vanos, es dejar fuera de toda consideración las condiciones en las que la persona se desenvuelve.

El sujeto es causa de múltiples discursos, el reducirlo a un único discurso, al de la salud mental, sería únicamente enfocarse en el por medio de una parcialidad, enfocarse en el síntoma más no en la causa.

El trabajo que debe de realizarse en las instituciones de salud mental deben de trabajar dirigidas hacía un sujeto no un organismo, el organismo se refiere a la parte anatómica, mientras que el sujeto es resultado de distintos discursos, social, cultural e incluso de la familia, el sujeto se construye a partir de aquello que antecede al individuo, se construye a partir de la estructura que lo antecede y lo acoge, trabajar entonces con el sujeto es trabajar con la cultura.

Por lo que la propuesta de trabajo de salud mental no puede reducirse a los hospitales y consultorios de los especialistas, el trabajo de realizarse hacía afuera, considerando las condiciones del medio en que nos desenvolvemos, es por eso que considero relevante el retomar la antipsiquiatría como enfoque de trabajo, ya que esta nos permite dar cuenta de que de nada sirve enfocarse en un síntoma o en un criterio diagnóstico sino prestamos atención a la persona, si dejamos de mirar lo que hay alrededor, solo de esta manera podremos empezar a dar el siguiente paso, la inclusión.


[1] Franco Basaglia, et. Al (2013) Razón, locura y sociedad. Ed. Siglo XXI, México.

[2] Berlinguer, Giovanni. Psiquiatría y poder. Granica

*No comparto el uso del término “enfermedad mental” ya que lo considero patologizante, estigmatizante y prejuicioso, sin embargo, se conservo el concepto ya que los autores aquí tratados hacen referencia a este, la intención es poner el concepto “en la mesa” para poder debatirlo y cuestionarlo.

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