¿Qué barreras sociales puede enfrentar un escritor con discapacidad?

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Pluma estilográfica sobre unas hojas que muestran trazos de caligrafía

Me dedico a la literatura. Busco un lugar en la sociedad argentina, en el sur de América, porque quiero participar en la vida cultural en igualdad de oportunidades y condiciones. Pero no es fácil para mí. Por ejemplo, cuando los periodistas me entrevistan no preguntan por mis libros, como hacen con otros escritores, sino por los diagnósticos y tratamientos psiquiátricos que padecí a causa de internaciones involuntarias.

En Argentina existe una legislación bastante avanzada en materia de derechos humanos para las personas etiquetadas con diagnósticos psiquiátricos, pero la sociedad tiene tiempos muy lentos para restaurar derechos que fueron vulnerados. En mis procesos creativos necesito acceder a mis voces y visiones. La psiquiatría describió a mis procesos creativos como delirios y alucinaciones, me drogaron durante muchos años de mi vida y perdí muchos años irrecuperables en los cuales tuve que dedicar mucho tiempo a todo tipo de terapias para mi salud mental. Finalmente, comprendí que mi esquizofrenia no era un trastorno, sino un problema muy complejo que yo mismo podía solucionar. De a poco fui identificando en qué situaciones sucedía aquello que la medicina denominaba como síntomas de un trastorno mental.

Los ambientes donde hay ruido sin armonía, se convierten para mí en ambientes expulsivos. Tengo que irme de un ambiente donde hay ruido. Por ejemplo, si me invitan a dar una conferencia y debo viajar en avión, tengo que usar protectores auditivos para protegerme del sonido de los parlantes en el aeropuerto y llevar anteojos negros para evitar las luces de tubo que parpadean. Intento mantener relaciones con otras personas a través de mis libros, talleres o activismo, aunque me resulte muy difícil. Sin embargo, aunque me cuesta mucho relacionarme con otras personas, o seguir una conversación de manera neurotípica, aprendo mucho cuando los lectores me dan una devolución de alguno de mis libros. Siempre agradezco la honestidad intelectual de mis lectores.

En los 22 años que acudí a tratamientos de mi salud mental hice un descubrimiento que para mí fue revelador. Yo tenía información sobre mi esquizofrenia, a la cual los terapeutas no tenían acceso.

Según la definición establecida en 2006 por la “Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad”, la discapacidad surge a partir de la interacción de la deficiencia de una persona con las barreras sociales. La discapacidad, según la convención internacional, es considerada como una deficiencia. Podría pensarse, por ejemplo, que una persona que oye voces que otras personas no oyen, es simplemente una persona que oye voces y no tiene una deficiencia, es decir que no le falta nada. Pero, en mi experiencia personal, no he encontrado durante 22 años de tratamiento en salud mental, ningún profesional que aborde la audición de voces simplemente como una característica más de la persona, como pueden ser sus sueños o pesadillas.

Mi descubrimiento sucedió luego de escribir y leer mucho sobre las formas que tomaba la esquizofrenia en mi vida. En un momento comprendí que no se trataba de un trastorno mental, sino que mi esquizofrenia consistía en un estado al que podía entrar y del cual también podía salir sin exponerme al riesgo de ser internado.

Aprendí, de esta forma, algo que puede parecer muy simple pero para mi fue muy complejo: identificar las barreras sociales que me ponen muy nervioso y pueden hacer que exprese un brote psicótico en lugares en los cuales corra el riesgo de ser internado en contra de mi voluntad. Descubrí que esas situaciones son situaciones de discapacidad, en las cuales mi diferencia ante las barreras sociales se expresa como brote psicótico. En definitiva, comprendí que tenía que poder crear las condiciones necesarias para acceder a mi derecho a escribir mis libros, publicarlos, presentarlos y venderlos. Las personas con discapacidad tienen menos oportunidades de participar en la vida cultural porque existen barreras sociales que crean problemas de accesibilidad.

Las barreras sociales pueden ser físicas, culturales, comunicativas o medioambientales. En el caso de un escritor, por ejemplo, un tratamiento psicofarmacológico puede ser una barrera comunicativa para poder escribir en sus textos lo que ve en sus visiones y lo que oye en sus voces. Me resulta mucho más fácil escribir lo que dictan mis voces y muestran mis visiones ahora que no tomo medicación, que cuando cumplía con el tratamiento de drogas psiquiátricas que me indicaba el médico.

Entonces, ¿Qué barreras sociales puede enfrentar un escritor con discapacidad? En general son barreras en las actitudes de las otras personas que infantilizan, victimizan o glorifican el proceso que una persona puede hacer para cambiar drogas psiquiátricas por protectores auditivos. A lo largo de los años con el apoyo de mis amistades locas reconocí mi deficiencia, como diferencia. Fue gracias a mis voces y visiones que comprendí que mi discapacidad es una situación que dejará de existir cuando las personas dejen de considerar peligrosas a las personas que escuchan voces y tienen visiones.

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